Reflexiones
Por qué elegí esta profesión (y por qué volvería a elegirla)
Llevo más de 25 años ejerciendo como abogado, desde que me recibí en la Pontificia Universidad Católica Argentina (UCA). Cuando lo pienso así, me impresiona. Pero cuando miro para atrás y trato de encontrar el momento exacto en que decidí que el derecho regulatorio iba a ser mi vida, no lo encuentro. No fue una epifanía ni una revelación. Fue algo que se fue construyendo de a poco, como casi todo lo que vale la pena.
Mi primer contacto serio con el mundo del derecho lo tuve durante mis pasantías estudiantiles. Tenía 19 años, era estudiante avanzado, y honestamente no entendía la mitad de lo que leía. Pero había algo en la complejidad técnica del derecho regulatorio que me atrapaba. La superposición de normas, la lógica propia de cada sector, la capacidad de articular intereses muy distintos. Eso me pareció fascinante entonces, y me sigue pareciendo fascinante hoy.
Los años de Telecom
Después de la facultad vino el mundo corporativo. Seis años en Telecom Argentina me enseñaron algo que la facultad no te enseña: que el derecho regulatorio no es abstracto. Cada norma, cada resolución, cada decisión tiene consecuencias concretas para miles de personas. Una tarifa mal calculada. Un permiso demorado. Una interpretación errónea de una cláusula contractual. Todo eso impacta en la vida real.
En Telecom aprendí a trabajar bajo presión y a entender que el abogado no es solamente el que dice “esto se puede” o “esto no se puede”. El abogado que aporta valor es el que entiende el negocio, el contexto, la regulación, y puede encontrar caminos donde otros ven paredes.
El abogado que aporta valor es el que entiende el negocio, el contexto, la regulación, y puede encontrar caminos donde otros ven paredes.
Cassagne: encontrar tu lugar
En mayo de 2009 entré al estudio Cassagne. Ya venía de trabajar con Leverone & Mihura Estrada, pero cuando conocí al equipo de Cassagne sentí que había encontrado mi lugar. Un estudio donde el derecho regulatorio no era una práctica más, sino la práctica central. Donde cada caso era un desafío intelectual genuino.
En 2015 me hicieron socio. Recuerdo que Ezequiel Cassagne me dijo algo que me quedó grabado: que la incorporación reflejaba “la excelente actualidad y proyección del estudio, que permite el crecimiento de los abogados jóvenes”. Yo tenía 38 años. No sé si era tan joven, pero viniendo de él, lo tomé como un cumplido enorme.
Hoy, después de más de 15 años en Cassagne, sigo aprendiendo. Cada licitación internacional, cada arbitraje, cada renegociación contractual me enseña algo nuevo. Las industrias que asesoro van desde telecomunicaciones y energía hasta defensa, seguridad y logística. Ningún día se parece al anterior.
Lo que aprendí en el camino
Si tuviera que resumir en tres ideas lo que estos años me dejaron, diría lo siguiente.
Primero: la especialización vale la pena. En una profesión donde muchos se sienten presionados a saber de todo, yo elegí profundizar en un área específica. El derecho regulatorio y la intersección con la economía son campos que cambian constantemente, que requieren estar actualizado, y donde la experiencia acumulada marca una diferencia real. No me arrepiento de esa apuesta.
Segundo: el conocimiento técnico se construye con disciplina. Los casos más complejos no se resuelven solamente con argumentos brillantes. Se resuelven con preparación profunda, con lectura constante de doctrina y jurisprudencia, y con la humildad de saber que siempre hay algo más por aprender.
Tercero: hay que dar lo que se recibe. Tuve la suerte de formarme en excelentes instituciones — la Pontificia Universidad Católica Argentina (UCA) y la Universidad Torcuato Di Tella (UTDT) — y de trabajar con profesionales excepcionales. Intento devolver algo de eso participando en congresos y escribiendo sobre temas que me apasionan. El conocimiento que no se comparte se estanca.
Mirando hacia adelante
A los 48 años, siento que estoy en el mejor momento de mi carrera. Suena a frase hecha, pero es verdad. Los años te dan una perspectiva que no se compra en ningún posgrado. Podés ver patrones donde antes veías caos. Podés anticipar la complejidad de un caso antes de que se materialice. Podés asesorar con la tranquilidad de alguien que ya pasó por situaciones parecidas.
El derecho argentino está en un momento particularmente interesante. Las discusiones sobre regulación económica, la articulación entre actores empresariales, y el marco normativo para nuevas tecnologías son fascinantes. Hay mucho por estudiar, mucho por debatir, y mucho por construir.
Si algún estudiante de derecho está leyendo esto y se pregunta si vale la pena especializarse en derecho regulatorio, mi respuesta es sí. No es el más glamoroso. No vas a salir en la tele. Pero es profundamente satisfactorio. Y si te gusta la intersección entre la regulación, la economía y la práctica empresarial, no vas a encontrar un campo más rico ni más desafiante.
Volvería a elegirlo. Sin dudarlo.
Patricio García Moritán
Abogado especializado en derecho administrativo y regulación económica. Socio de Cassagne Abogados. Magíster en Derecho y Economía (UTDT). Más de 25 años asesorando empresas nacionales e internacionales en sectores regulados.